Un mundo ‘viejo’: ¿un mundo saludable?

La curiosidad humana por el envejecimiento es multi-centenaria. Probablemente a todos en algún momento de la vida nos ha preocupado el envejecimiento, sino el nuestro el de algún ser querido. Esta preocupación puede ir desde desde aquella banal inquietud por la apariencia hasta la justificada ansiedad por nuestra salud.

El envejecimiento no se reduce a la aparición de canas y arrugas. Este proceso se asocia con la disminución de la capacidad de movernos, de recordar y formar nuevas memorias, de enfrentarnos a infecciones, etc. Es innegable que el envejecimiento se asocia al deterioro de funciones y capacidad física. Y el envejecimiento es el factor de riesgo más grande para muchas de la enfermedades a las que más le tememos, como la enfermedad de Alzheimer, alteraciones del corazón y la circulación sanguínea, ciertos tipos de cancer y muchas otras. Por ello, el envejecimiento y las alteraciones a las funciones corporales asociadas a la vejez se han convertido en un tópico de importancia en la investigación de salud y en programas de políticas públicas que intentar apoyar a sectores específicos de la población.

A inicios del siglo pasado vivir a la edad de 80 años era un acontecimiento que merecía celebración.  Hoy en día es mucho más común encontrar a personas de 80, 90 o incluso centenarios. Es más, en algunos lugares del mundo existen concentraciones de super centenarios, es decir de personas que viven más de 100 años. La esperanza de vida en México a mediados del siglo pasado rondaba por los 50 años, hoy en día la esperanza de vida al nacer sobrepasa los 75 años en gran parte de los estados de México. Este es un fenómeno global, la esperanza de vida se ha incrementado de manera estable a lo largo y ancho del globo terraqueo. Incluso existen predicciones de que una gran proporción de niños nacidos a partir del año 2000, en el seno de ciertas poblaciones que cuentan con historial de longevidad, celebrarán su centenario de vida. A pesar de ser un fenómeno demográfico global aún hay disparidades marcadas. Por ejemplo, la esperanza de vida en Japón, quien goza el número más alto, es de mayor de 80 años, pero en el Reino de Suazilandia, un estado en el Sur de África, es de apenas 49 años. Muchas pueden ser las causas de estas disparidades, desde razones genético-biológicas hasta aspectos de seguridad, educación y acceso a programas de salubridad. La gran esperanza de vida en Japón se ha atribuido a la igualdad de oportunidades en la población, salud pública y la dieta.

Sin embargo vivir más tiempo no es necesariamente sinónimo de vivir de manera saludable. Todos recordamos a algún miembro de la familia que vive o vivió hasta los 80 años, por ejemplo, nuestro familiar que tenía una actitud positiva y contaba con energía desbordada. Pero la realidad más común, aquella de la que no hablamos en fiestas y reuniones, es que la mayoría de quienes llegan a estas edades padecen no solo una sino muchas enfermedades. Ahora también es muy importante no caer en un ciclo de enajenación y segregación de la población de adultos mayores. El enfoque biomédico del proceso de salud-enfermedad no debe hacer menos las grandes ganancias que el vivir más tiempo trae consigo. El hecho de crecer y desarrollarnos personal, profesional y moralmente llega a su máxima expresión en etapas tardías de la vidad. Por ello, el envejecimiento también trae consigo ganancia de conocimiento, cultura y experiencias de vida. ¿No sería fantástico el poder tenener todas las ganancias intelectuales y psico-sociales sin los efectos deletéreos en la salud?

¿Qué tan factible es modificar el proceso del envejecimiento? La evidencia demográfica señala, que al menos el tiempo de vida, es bastante modificable. ¿Y la salud? Existen datos prometedores que están surgiendo en investigación con modelos animales que indican que tanto el tiempo de vida como la capacidad functional pueden extenderse en el laboratorio. Los reportes científicos han mostrado que cuando se extiende el período de vida de organismos como gusanos, moscas, ratones e incluso primates no humanos se alarga el tiempo de vida saludable e incluso se puede prevenir la aparición de enfermedades asociadas a la vejez como las ya mencionadas. En modelos invertebrados como gusanos y moscas muchos de estos estudios son genéticos y están ayudando a dilucidar las bases biológicas del envejecimiento, es decir como ciertos genes y procesos en nuestras células contribuyen al balance salud-enfermedad en la vejez. Algunos de estos estudios se han podido replicar en modelos mamíferos, sugiriendo que los resultados encontrados en modelos invertebrados podrían ser altamente relevantes para nosotros.

Resulta bastante interesante que algunas de estas modificaciones genéticas se han podido replicar mediantes modificaciones en la dieta e incluso con algunos medicamentos. Esto sugiere que en el futuro, esperemos no muy lejano, podrían existir recomendaciones dietéticas y farmacológicas con posibles efectos beneficiosos en la salud para prevenir o incluso revertir los efectos adversos del proceso de envejecer.

Es importante tener en cuenta que estos abordajes aún están fuera del consumo humano. Lo cual quiere decir que muchos, sino es que todos, los remedios que se encuentran actualmente disponibles carecen de sustento científico y sus efectos en la salud no han sido demostrados con estudios apropiadamente planeados y validados. Lamentablemente aun no contamos con un terapia anti-enevjecimiento, pero al parecer esto está en proceso. Por el momento nuestras mejores armas para vivir de manera saludable el envejecimiento provienen de la recomendación de mamá: comer bien y hacer ejercicio.

Foto portada: https://www.flickr.com/photos/xavitalleda/5383583351/

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