Rompan todo: adolescencia, ruptura y creación

“el rock latinoamericano se inspiró en Los Beatles y en La Bamba de Ritchie Valens, pero encontró su fuerza en la juventud y la resistencia al totalitarismo”

Rompan todo nos muestra cómo el rock es esencialmente un fenómeno de adolescentes. El documental de Netflix sobre la historia del rock en América Latina deja ver que no es sólo música, sino todo un movimiento y hasta una forma de ver el mundo. La adolescencia es una etapa que se ha estigmatizado y se plantea como un periodo de destrucción, pero el documental muestra cómo el rock nace a partir del papel que sólo las y los adolescentes pueden desempeñar: exploración irrestricta, ruptura, invención y reapropiación, crítica al sistema establecido, y todo esto, claro, en una atmósfera lúdica. La rebeldía, que es uno de los elementos principales de la adolescencia, es al mismo tiempo disruptiva pero necesaria para poder salir de los moldes impuestos y encontrar una definición propia. El rock encarna esta rebeldía y rompe con las generaciones anteriores. 

En el documental, que sigue la historia del rock en nuestro continente en la segunda mitad del siglo XX, los adolescentes1 son protagonistas: a lo largo de seis capítulos vemos cómo los jóvenes formaron bandas que exploraron y reinventaron la música, probaron límites, y construyeron desde la rebeldía un movimiento que trascendió el género musical para influir en la cultura, la política, y la historia. Cada uno de los capítulos y temas que toca esta historia del rock latinoamericano se puede ver como capítulos y temas de la historia de la adolescencia. La idea de banda, grupo de músicos afines que dialogan a través de la música, en que todos de algún modo se parecen y a la vez se individualizan; el tironeo entre innovación y tradición; Avándaro como apropiación colectiva de un espacio destinado a otros usos; el permanente desafío a las normas y restricciones de una sociedad autoritaria; la confraternidad entre amigos versus la familia son todas formas que traducen pautas, valores y comportamientos de las y los adolescentes.

Creatividad, aprendizaje y persistencia

La adolescencia es una etapa de grandes capacidades físicas y también mentales. El acelerado desarrollo cerebral y cognitivo durante la adolescencia permite dominar retos muy complejos, como aprender a tocar un instrumento o componer música. Además, es una época de máxima creatividad y de innovación. Esta alta flexibilidad mental y capacidad de aprendizaje se conjuga con otra famosa característica adolescente: la persistencia. Sí, a veces los adolescentes pueden ser tercos, pero esta obstinación también puede ser el combustible necesario para pasar horas practicando hasta dominar una habilidad y perseverar ante la adversidad. Las diferentes bandas de rock tuvieron que salir adelante a pesar de fracasos, rupturas, censuras y exilios. Esto no hubiera sido posible sin la determinación adolescente para recuperarse y seguirlo intentando. Una de las caracterizaciones erróneas de la adolescencia es pensarla como un periodo de falta de motivación o ganas de hacer las cosas. Como queda claro en el documental, la adolescencia puede ser todo lo contrario: un periodo de alta motivación y compromiso, en particular con la ilusión de que el esfuerzo te convertirá en estrella de rock.  

Identidad e individualidad

Durante la adolescencia hay un enfoque intenso en uno mismo, que es necesario para una tarea clave: la construcción de nuestra identidad. Como dice Hugo Fattoruso de Los Shakers: “yo estaba en la burbuja de la adolescencia, no veía nada…. veía hasta la punta de mi nariz”. Esta burbuja, este ensimismamiento, nos permite una profunda atención para cultivar nuestros propios intereses y de esa forma irnos construyendo. Durante la adolescencia debemos hacer lo mismo que al formar una nueva banda: definir un estilo propio, una personalidad, y entender y establecer relaciones con el mundo que nos rodea. 

Ya sea como banda o como audiencia, la música es un importante vehículo identitario de expresión y exploración, ruptura y provocación. Sabemos, por ejemplo, gracias al minado de los datos de Spotify, que la música que más nos marca son las canciones y los grupos de nuestra adolescencia temprana (entre los 13 y 14 años). Aunque después cambien nuestros gustos musicales, nada calará tan hondo cómo el soundtrack que acompañó una etapa tan formativa como la adolescencia temprana. 

Sensibilidad al entorno social

Durante la adolescencia, el cerebro y los procesos de aprendizaje se van remodelando, lo que hace que ésta sea un periodo de sensibilización al contexto cultural y social donde se favorece el aprendizaje de y con los otros. Como propone la antropóloga Carol Worthman, la adolescencia es un periodo particularmente fértil para la incorporación de la cultura a nivel biológico2. Los y las adolescentes siempre son quienes adoptan, adaptan y amplifican las nuevas tendencias. Es así que el rock se conjuga con la sensibilidad de este grupo para descubrir colectivamente nuevas formas musicales, reapropiarse de música existente y reimaginar sonidos y ritmos. Además, las redes adolescentes tienen la máxima capacidad de compartir y difundir novedades y popularizarlas: ponerlas de moda. Sin embargo, existe una gran paradoja de la adolescencia, que se caracteriza por formación de grupos a partir de intereses compartidos, emulación e imitación, pero siempre en tensión con la necesidad de resaltar. 

Reorientación hacia los pares 

La adolescencia también es una etapa donde la vida social cambia de eje, y pasa de girar alrededor de los padres a centrarse en los pares. La interacción entre los miembros de la banda, y la banda y el público, el foco puesto en la banda y la caja de resonancia de los espectadores representa también simbólicamente las formas particulares de la comunicación adolescente. 

La música se vuelve un punto donde los jóvenes empiezan a coincidir con sus amigos en gustos musicales que desconciertan a sus padres, y esta interacción alcanza su máxima expresión en una banda donde los y las jóvenes se juntan para convivir y crear al tiempo que burlan los gustos de las generaciones pasadas. Dice Richard Coleman “ah, está bien, buenísimo, se trataba de eso, romper, no me interesa que ustedes viejos entiendan lo que yo hablo o a quién le digo las cosas”.  

Esta reorientación social también implica que despierta la atracción. César “Papi” Castillón dice respecto al origen del grupo Los Saicos: “Queríamos que supieran las chicas del barrio que teníamos una banda y éramos rockeros para que las chicas nos vieran a nosotros, se fijaran en nosotros”. En la adolescencia lo más importante es ser popular, en parte porque el status social está ligado a la atracción (no olvidemos que, en nuestra historia evolutiva, la adolescencia es justo la etapa enfocada en encontrar pareja).

La adolescencia – un nuevo sector de mercado

Siempre ha existido una etapa de transición entre la niñez y la adultez, pero la adolescencia, si bien apareció como término en 19043, sólo terminó de consolidarse como constructo social hasta mediados del siglo XX, al constituirse en un nuevo sector de mercado. En los 50 y 60, durante el apogeo económico de la post-guerra en Estados Unidos, los jóvenes se volvieron atractivos como consumidores: con más tiempo libre y autonomía que los niños, con intereses propios y distintos a los adultos, y con un incipiente poder adquisitivo. En efecto, uno de los primeros grupos en México que aparece en el documental lleva por nombre Los Teen Tops, apelando a sus escuchas adolescentes. Atinadamente Rafael Acosta, baterista fundador de Los Locos del Ritmo apunta “las disqueras se dieron cuenta de que había un nuevo sector del mercado que quería comprar cosas distintas”.

El más claro ejemplo de una banda comercializada para adolescentes fue Los Beatles que, gracias a la manía que inspiraron en los jóvenes que compraron sus discos y otros objetos por millón, se volvieron un verdadero fenómeno cultural. Claudio Gabis de Manal apunta: “Los Beatles le dan identidad a la adolescencia”. Recordemos que el cerebro adolescente es particularmente sensible al contexto social y a la influencia de los pares. El rock no lo hacen músicos aislados sino bandas, grupos de amigos que exploran juntos. Parte del éxito de Los Beatles es que eran, en el fondo, cuatro amigos con los que uno se podía identificar, y el encanto estaba en verlos no sólo en el escenario sino imaginarlos después de la escuela componiendo música por las tardes. Como dice Fattoruso, “los temas eran de ellos, movían a muchos jóvenes a intentarlo”. Además, acota Litto Nebia de Los Gatos, “traté de meterme en un grupo con tipos de mi edad”. 

Rebeldes con causa

La adolescencia es el momento en el que se toman más riesgos (la neurociencia nos enseña que esto está relacionado con que las regiones del cerebro que actúan como freno y acelerador (el sistema límbico y el sistema fronto-parietal, respectivamente) maduran a ritmos diferentes durante esta etapa. El cerebro adolescente está orientado más al presente que a pensar en las consecuencias a largo plazo, lo cual lleva a actuar de formas más impulsivas y tomar más riesgos. Aunque este desbalance puede tener consecuencias negativas importantes, no debemos olvidar que este ánimo de explorar y de animarse a probar cosas nuevas nos ha ayudado como especie a sobrevivir, innovar y reemplazar el statu quo

Las movilizaciones estudiantiles de la época y la resistencia de los jóvenes fueron fundamentales para hacer frente a la represión y las dictaduras en América Latina. Como dice Aníbal Kerpel de Crucis en el documental respecto a la emergencia de la violencia política en Argentina “con la inocencia de esa edad, no le das bola, no le das la importancia que tiene ni lo peligroso que puede ser. No nos frenaba de hacer lo que queríamos hacer. No sentíamos el peligro”. Pero Kerpel se equivoca: no es que los adolescentes no sientan el peligro, sino que el peligro es menos importante que expresar la identidad, estar con amigos, e impresionar a los demás. Como sociedad necesitamos que exista ese grupo de exploradores y exploradoras capaz de hacerle frente al peligro. 

Periodo fugaz

La vorágine de la época refleja también lo fugaz de la adolescencia: un breve periodo en nuestra vida en dónde se “pasa de moda” rápidamente para abrirle camino a las nuevas generaciones que emergen. Como dice Adrián Dárgelos de Babasónicos: “Una actitud que es joven ahora y que dentro de 5 años se va a nominalizar”. 

La adolescencia es un periodo catártico en el que se rompe todo: se rompe con todo, pero se construye más. Al irnos construyendo a nivel individual, vamos también dejando una marca indeleble en nuestra historia cultural y dándole forma al futuro colectivo. Como reflexionan Los Redonditos de Ricota: “Ya teníamos la suficiente edad para escuchar a los chicos… en los nervios de los chicos de su edad hay más información de futuro que la que tipos de nuestra edad pueden tener para aconsejarlos”. Rompan todo puede leerse como la actitud a la vez disruptora y creativa con que los y las adolescentes se hacen presentes en la sociedad.


1  Aunque consideramos que uno ya es adulto a los 18 años, la neurociencia y la psicología nos han demostrado que la adolescencia se extiende mucho más, hasta mediados de los veinte.

2 “Adolescence is a distinctive period for biological embedding of culture”

3 Hall, Stanley (1904). Adolescence: Its Psychology and Its Relations to Physiology, Anthropology, Sociology, Sex, Crime, Religion, and Education.

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