Identidad Disociada. Viendo mi cuerpo desde la distancia.


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Autoras

Natalia García Argüelles

Psicología

Paula de Evan Valdivieso

Psicología

Arianna V. Caruso Otero

Psicología


Un trastorno disociativo es una enfermedad mental, en la que se produce una desconexión entre lo que pensamos, lo que recordamos, nuestro entorno y acciones, y nuestra propia identidad, lo que nos define (autoconcepto, actitudes, habilidades). Los individuos que sufren este trastorno escapan de la realidad de forma involuntaria y peligrosa. Existen distintos tipos de trastornos disociativos, por ejemplo, la Amnesia Disociativa, el Trastorno por Despersonalización-Desrealización, Trastorno Disociativo no especificado y el Trastorno de Identidad Disociativo (TID) en el que nos centraremos en este artículo (saber más).

Trastorno de Identidad Disociativo

El Trastorno de Identidad Disociativo (TID), también conocido como Trastorno de Personalidad Múltiple, se caracteriza por la presencia de dos o más identidades, coexistentes en un cuerpo y mente. Esta disociación se define como la separación estructurada de procesos mentales que originalmente estaban integrados (Spiegel & Cardeña, 1991). 

Se trata de una interrupción del funcionamiento de los procesos psicológicos, que no está dentro del control consciente de la persona, y que lleva a ciertos pensamientos y conductas anormales, por ejemplo, la persona tiene personalidades múltiples. La principal causa del TID, es un evento traumático en la infancia, principalmente un abuso sexual, psicológico u otro tipo de abuso. Las personas con este trastorno suelen tener una falta de apoyo social y un apego desorganizado, caracterizado por una relación amenazante entre padre e hijo. En estos casos, el adulto deja de ser la figura de protección por causa del miedo y los niños presentan problemas emocionales. Debido a que no hay una conciencia del “yo”, hay fallos en la identidad y en el recuerdo. Uno de los componentes principales es la pérdida de memoria muy extensa, que no se podría explicar como un olvido ordinario. Este tipo de trastorno también puede presentar despersonalización, amnesia, desrealización y alteración de la identidad y del espacio (Síntomas).

Cuando las personas se encuentran en su niñez, sus estados del yo funcionan independientemente, porque aún no están integradas sus emociones. Los recuerdos agradables o desagradables, se van organizando episódicamente. Los niños aprenderán a integrarlo y autorregularse, si tienen la oportunidad de expresarse acerca del evento traumático en un ambiente seguro, y si es aceptado y reconocido. Si no se produce la integración de experiencias potencialmente traumáticas, aparecerán los estados del yo separados y autónomos. 

Las personas con TID, en ocasiones, son hipersensibles, se abruman por las emociones, o tienen emociones que no consideran suyas, y en otros momentos se pueden sentir paralizados y con alexitimia (incapaces de identificar y expresar emociones). Pueden tener ideas intrusivas de miedos y de no sentirse a salvo, aunque no haya peligro. Por lo general, prefieren disociar emociones para tener control y racionalizarlas para evitar sentirlas, y así eliminar esa fuente de dolor del recuerdo. Es una batalla por sentirse a salvo en su propia piel. Pueden utilizar la autoagresión y el castigo hacia ellos mismos para distraerse del dolor emocional o para estar en el presente y alejarse de los flashbacks. 

Personalidades múltiples

Las distintas personalidades son llamadas “alter ego”, tienen identidades completas y únicas, con recuerdos y emociones diferentes. La forma de ser, vestir y comportarse, puede ser de otro género, animal o de un personaje ficticio. Existe una identidad principal, llamada anfitriona, que normalmente es pasiva, sensible y dependiente. Tiene el control la mayor parte del tiempo y puede tener o no conocimiento de las demás personalidades “alter ego”. Pueden comunicarse entre ellas a través de voces, imágenes, o escritura. 

El “alter ego” se disocia junto con muchos procesos que ocurrían en ese momento y se crea para cubrir las necesidades de la persona en su infancia, para formar una identidad que tenga sentido. 

Las diferentes identidades recuerdan distintos aspectos de la información autobiográfica, por lo que también habrá distintos sesgos cognitivos y emocionales. La realidad que ve cada uno de los “alter egos” es radicalmente diferente, por lo que también variarán los sesgos atencionales e interpretativos. Los distintos “alters” llevan a cabo diferentes roles para ayudar a la persona a afrontar eventos diarios. Los cambios de ambiente y alto estrés, son desencadenantes que  producirían la “transición” de uno a otro. 

Roles de las personalidades múltiples

Hay 5 principales roles de los “alter”: 

  1. Anfitrión (vivir la vida alejado del trauma)
  2. Núcleo (el original, el estado mental antes del trauma)
  3. Protectores (del recuerdo, del daño sexual, o de otros alter)
  4. Niños (partes que se quedaron bloqueadas a cierta edad)
  5. Precursores (con una función y hábitos agresivos contra el sistema y el anfitrión). 

Estas personalidades alter son consideradas mecanismos de defensa. Sin embargo, por la incapacidad de la persona de afrontar la situación, se vuelve algo patológico e interfiere con la experiencia y la asimilación e integración del evento a la autobiografía. Por ejemplo, el anfitrión cambia si se encuentra desgastado y no puede afrontar la realidad. En situaciones donde se presenta algo amenazante, o un recordatorio en el ambiente, la personalidad que más encaja con la situación tomará el control. Igualmente, la personalidad que está al frente, puede sentirse sobrecogida y decidir retirarse para que otro alter tome el control. 

Cambios a nivel neuropsicológico

Estos cambios de identidad, son como una luz que se prende y se apaga, se va y aparece sin ningún aviso. Se pueden detectar en el registro con electroencefalograma (EEG), una desorganización tensional en los músculos, movimientos de ojos rápidos y un ritmo cardíaco errático. En el EEG se identifican ciertos patrones similares a la epilepsia; ondas theta agudas y lentas en lóbulos temporales y occipitales. 

Las experiencias traumáticas pueden cambiar las estructuras cerebrales y comprometer las funciones cognitivas, emocionales y conductuales de la persona. 

Tratamiento

Han habido grandes avances sobre el TID. Hoy en día se sigue investigando con gran interés para encontrar la forma de ayudar a las personas que lo padecen y crear conciencia sobre esta enfermedad en la sociedad.

El tratamiento de este trastorno consiste en la utilización de la psicoterapia que consiste en integrar las personalidades en una sola, la principal. Otros tratamientos son la farmacoterapia, que se utiliza para aliviar síntomas específicos pero no sobre el trastorno en sí, y la hipnosis que ayuda a que la persona sepa acceder a sus personalidades “alter”, controlarlas mejor e insensibilizarlas. 

Algunas pautas para la prevención del TID son: grupos de apoyo para padres y terapeutas de familia, programas educativos comunitarios, la enseñanza de técnicas parentales más saludables, informarse, trabajar la empatía y la paciencia. 

Referencias

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